Anécdotas retroinformáticas escolares
Publicado: 28 Nov 2025, 21:50
Hola compañeros.
Como ya dije en la presentación, fui profe de Informática en un instituto a finales de los 80, cuando empezaron a llegar los primeros ordenadores a los colegios.
En esos años, muchos alumnos era la primera vez que veían y tocaban un ordenador, así que el aula de informática era el origen de numerosas anécdotas. Aquí tenéis la primera:
Los rayos electrizantes
En esa época, mucha gente creía que los televisores emitían radiaciones y no se dejaba que los niños vieran la televisión desde muy cerca, así que los chavales sentían un desasosiego inconsciente al ponerse tan cerca de un monitor. La creencia de que los monitores emitían radiaciones dañinas persiste hasta hoy.
Los primeros días en el aula de Informática, tenía que tranquilizar a los alumnos y explicarles la diferencia entre las ondas electromagnéticas de baja y media frecuencia (que nadie ha demostrado que sean dañinas) y las de alta frecuencia o ionizantes (como los rayos X), que pueden producir daños en la información genética de las células y a la larga, cáncer.
A pesar de mis explicaciones, tenía un alumno que porfiaba conmigo que los monitores emitían "rayos electrizantes" y que no sólo los monitores emitían esos peligrosos rayos, sino que él, en cuanto se sentaba delante del ordenador, detectaba perfectamente los rayos y notaba el efecto "electrizante".
Al principio pensé que era una broma, pero el chaval hablaba tan serio y con tanta seguridad que me quedé intrigado: ¿tendría mi alumno un poder o una sensibilidad especial para detectar las radiaciones de baja frecuencia?
La cosa quedó ahí, hasta que otro día, mientras los alumnos trabajaban con el ordenador y yo paseaba por los pasillos de la clase, al pasar junto al alumno, me paró y me dijo: "Ahora mismo estoy sintiendo perfectamente los rayos. Los noto como un cosquilleo en el cuello que desaparece si me alejo del ordenador".
Le miré el cuello y me percaté que tras el alumno había otra mesa con otro ordenador y que el ventilador de su fuente de alimentación proyectaba el aire sobre su nuca. La suave corriente de aire le cosquilleaba la nuca y el alumno creía que era el efecto de los "rayos electrizantes" del monitor.
Como ya dije en la presentación, fui profe de Informática en un instituto a finales de los 80, cuando empezaron a llegar los primeros ordenadores a los colegios.
En esos años, muchos alumnos era la primera vez que veían y tocaban un ordenador, así que el aula de informática era el origen de numerosas anécdotas. Aquí tenéis la primera:
Los rayos electrizantes
En esa época, mucha gente creía que los televisores emitían radiaciones y no se dejaba que los niños vieran la televisión desde muy cerca, así que los chavales sentían un desasosiego inconsciente al ponerse tan cerca de un monitor. La creencia de que los monitores emitían radiaciones dañinas persiste hasta hoy.
Los primeros días en el aula de Informática, tenía que tranquilizar a los alumnos y explicarles la diferencia entre las ondas electromagnéticas de baja y media frecuencia (que nadie ha demostrado que sean dañinas) y las de alta frecuencia o ionizantes (como los rayos X), que pueden producir daños en la información genética de las células y a la larga, cáncer.
A pesar de mis explicaciones, tenía un alumno que porfiaba conmigo que los monitores emitían "rayos electrizantes" y que no sólo los monitores emitían esos peligrosos rayos, sino que él, en cuanto se sentaba delante del ordenador, detectaba perfectamente los rayos y notaba el efecto "electrizante".
Al principio pensé que era una broma, pero el chaval hablaba tan serio y con tanta seguridad que me quedé intrigado: ¿tendría mi alumno un poder o una sensibilidad especial para detectar las radiaciones de baja frecuencia?
La cosa quedó ahí, hasta que otro día, mientras los alumnos trabajaban con el ordenador y yo paseaba por los pasillos de la clase, al pasar junto al alumno, me paró y me dijo: "Ahora mismo estoy sintiendo perfectamente los rayos. Los noto como un cosquilleo en el cuello que desaparece si me alejo del ordenador".
Le miré el cuello y me percaté que tras el alumno había otra mesa con otro ordenador y que el ventilador de su fuente de alimentación proyectaba el aire sobre su nuca. La suave corriente de aire le cosquilleaba la nuca y el alumno creía que era el efecto de los "rayos electrizantes" del monitor.